Google No aprendemos

24 de abril de 2006

El Grupo Socialista responde a Noaprendemos

La maquinaria socialista ha reaccionado con celeridad a la reciente denuncia de Noaprendemos del involucionismo de Rodríguez hacia el mono con el Proyecto Gran Simio.

Los diputados del PSOE han demostrado una gran capacidad de reacción adelantándose al cataclismo que se les avecina. Ante el rumbo genético que comienza a mostrar su jefe de filas, los progresistas han encontrado un asidero donde sustentar a su pelele. En su afán por cambiar siempre las reglas del juego para poder continuar en la partida, han optado esta vez por apostar por los derechos humanos de los monos.

De esta forma, los socialistas preparan la defensa de Rodríguez ante posibles ataques sobre la supuesta irregularidad que representa en nuestro ordenamiento jurídico el hecho de que un primate ocupe la presidencia del Gobierno.

"Es una medida muy original", ha declarado el votante socialista que practicaba la felación del hoy a Arnaldo Otegui y que, al verse sorprendido in fraganti, añadió "ya es la segunda vez que me toca, aquí no hay rotación". En este extremo, fuentes autorizadas del propio partido han desmentido a Noaprendemos la veracidad de estas afirmaciones y han declarado que están pasando por el aro "absolutamente todos" los miembros, simpatizantes y votantes del PSOE y que "hasta que no lo hayan hecho todos, no comenzaremos con las sodomizaciones, tal y como se está realizando con los tripartitos".
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20 de abril de 2006

Por qué soy antiZP

A simple vista puede parecer fácil ser anti algo, pero no se crean… no lo es. Quizá cómodo, puede que práctico, pero de fácil nada, monada, y además está mal visto. La excepción está servida: Rodríguez aglutina en un mismo elemento, desde su concepción de base hasta sus detalles más nimios, la síntesis más completa de todo lo que no se debe hacer, de todo lo que no se debe decir y, en definitiva, de todo lo que no se debe ser y así, ser antiZP es incluso natural.

El antiloquesea me ha producido generalmente algo de rechazo. Cuánto más descansado resulta dejar hacer a los demás, para después oponerse, que tomar uno la iniciativa, hacer algo por uno mismo y mostrarse así ante los demás… a pecho descubierto, para que luego te critiquen y te crezcan alrededor los ventajistas... ¡menuda! Más de uno se levanta por las mañanas pensando “a ver a quien me opongo hoy”, “a ver si alguien ha hecho o dicho algo”. No sólo resulta ramplón sino que conlleva algún que otro riesgo: definirse frente a alguien o algo requiere asumir que un día, ante a una posible evolución de nuestro antagónico, desaparezca nuestra propia definición. Además, supone una falta de imaginación considerable.

Esta carencia de creatividad, unida a la cobardía de no tomar más rumbo que el contrario al que han marcado otros, es la que me ha llevado a desconfiar siempre del que se me presenta como antialgo y a procurar definirme en positivo.

Y mira que hay “antis” por el mundo. Convivimos con ellos desde que nacemos. Quizá nuestra propia existencia esté relacionada con la ausencia de uno, el anticonceptivo, y hayamos crecido consumiendo antigripales, antihistamínicos o incluso antidepresivos, manoseando una pelota antiestress y pensando si no nos vendría bien una crema antienvejecimiento. Es muy probable que tengamos instalado un antivirus en el ordenador, un antirrobo en casa y el anticongelante en el coche. El antispam se ha convertido en algo imprescindible y la lavadora, tan inteligente ella, nos recomienda un antical. La televisión nos bombardea con anuncios de potingues anticelulíticos y yogures antioxidantes. Los telediarios nos hablan de movimientos antiglobalización, antisistema y antiimperialistas...

Proliferan por doquier variopintos comités y coloridas asociaciones anti todo. Unos muy altruistas, como los antisida, otros no tanto, como los antitaurinos, y otros movidos por la envidia, como los antimadridistas.

Hay “antis” para todos los gustos: destructivos, como las minas antipersonales; pacificadores, como la lucha antiterrorista; protectores, como el chaleco antibalas; reivindicativos, como la manifestación antiLOE; combativos, como la asociación antiMcDonalds; y repugnantes, como loS anti Potros.

Y es que el prefijo “anti” tiene un poco de todo eso: de defensa, de protección, de enfrentamiento, de crítica, de combate… Nos defendemos de lo que tememos, nos protegemos de lo que nos puede dañar, nos enfrentamos a quien nos agrede, criticamos al que se equivoca y combatimos a quien hace peligrar nuestra seguridad y la de los nuestros, ya sea física o moral.

Rodríguez provoca eso y más. No sólo nos miente, negocia con nuestros activos y compra favores con nuestro crédito, eso le puede pasar a cualquier político, este también está destruyendo nuestro sistema de valores, se burla de nuestras creencias y nos ofende abiertamente casi a diario. Ser antiZP es algo que sale sólo, expresa una necesidad de protección y representa una voluntad de combate, de lucha en defensa de unos valores que no podemos permitir que se pisoteen, básicamente porque representan la esencia de la civilización occidental: los basados en el respeto de las libertades.
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7 de abril de 2006

Del burro al mono: la involución de Rodríguez

El involucionismo de nuestro presidente está alcanzando cotas alarmantes… Rodríguez ha defecado en el Parlamento que “la España de hoy mira a la España de la II República con reconocimiento y, sobre todo, con satisfacción y orgullo por ver lo que hemos sabido hacer entre todos en esta etapa constitucional" y “sus aspiraciones siguen vigentes”. Toma del frasco, Carrasco.

Muy recomendable la lectura de la Memoria histórica que publica Libertad Digital recordando las similitudes entre la irresponsablemente ensalzada II República y la Thermo Mix de Rodríguez. Lo preocupante es conocer de boca del candidato que respaldaron diez millones de personas con su voto (recordemos siempre este punto: hay diez millones de personas conviviendo con nosotros sospechosas de alojar un alienígena en su interior) que sus miras, los referentes que iluminan su camino, están puestas en un régimen que atesora atentados contra la libertad aún más graves que los que estamos conociendo con este gobierno, que ya es. Chúpate esa, marquesa.

Desde su dudosa legitimidad (ahí van a coincidir aquellos y estos) a la persecución religiosa (mira tú…) pasando por la continua división de las dos españas (a qué me recordará a mi esto…) encontramos las barrabasadas que mantienen a Rodríguez hormonalmente activo. La mejor, aparte de los 11.705 ajusticiados en las cárceles: la legalización de la ilegalidad, la justificación de las trampas, en definitiva, la Ley de Defensa de la República, todo un atentado contra la libertad de expresión y de pensamiento que permitió cerrar más de cien periódicos criticones. A ver si el iluminado ejemplar nos quiere convencer de que se debe cerrar la COPE y que, además, es legal. A ver cuando arremeta contra los bitacoreros. A ver como aplauden los alienígenas, que no alienados, sino alineados por la dictadura del tuerto que les guía. A ver, a ver…

La talla de los líderes da una idea de la categoría de a quienes representa. Yo no quiero un líder que, una vez demostrada su condición de burro, nos anuncia que no piensa parar hasta convertirse en mono… me niego. Que no, vamos, que no hay por dónde cogerlo.

Rodríguez, lee, coño, que las repúblicas bananeras son hipérboles para hacer chascarrillos, no la meta de un político del siglo XXI. Que no aprendemos.
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