Google No aprendemos

1 de octubre de 2009

Tengo una gallardonada

Y el título no pretende ser peyorativo. Tengo una corazonada, no lo puedo evitar. Corrí a leerme el informe del COI nada más publicarse (sorprendiéndome a los pocos minutos de encontrar ya titulares catastrofistas en la prensa tradicional, esa de los intereses creados, esa de la desinformación, esa de la irresponsabilidad...) y reconozco que me llevé una alegría. Un poco de happiness, después de tanta lectura en inglés, que al poco se tornó en optimismo, ya castellanizado, y que me llevó a interesarme por los mecanismos de la votación de mañana. Conocidos estos, ahora sí que tengo una corazonada, turbada nada más, y nada menos, que por el primer presidente afroamericano de Estados Unidos (ese que parecía llamado a alegrarnos la vida y que más de uno -infeliz- seguirá esperando en su sofá de sky). Si este hombre despliega en tres días las mismas artes que exhibió Londres para agenciarse las del 12, no hay nada que hacer... pero no nos pongamos en lo peor.

Ni siquiera el interés de París por albergar los Juegos del 20 me parecen una amenaza. Ni siquiera la presencia en Copenhague del presidente que votaron 11 millones de españoles (ellos sabrán...) creo que pueda perjudicar nuestra candidatura. Incluso considerando que en el último momento aparecieran en la gala final las hijas siniestras de tan siniestro mandatario, creo que la suerte está echada y no debiera preocuparnos. Ya digo... tengo una corazonada y contra eso, igual que contra el alcalde de Madrid, ya pueden estamparse las siete plagas que se mantendrá firme hasta el último aliento.

Y la corazonada no puede sino tornarse gallardonada cuando uno mira más allá y comprende... o anhela... que un espaldarazo como el olímpico puede suponer el principio del fin de la política rancia que sufrimos en España. Esa de la izquierda y la derecha, de los frentismos, de "los suyos y los nuestros", del "al enemigo ni agua"... esa mierda de política que nos tiene con el agua al cuello mientras sus "profesionales" se dicen chuminadas ya sin ingenio siquiera. Esa mierda de política tan alejada de la que se gastan por el norte de Europa (a los que luego envidiamos su calidad de vida -no su estilo, ojo) y a la que en España sólo veo acercarse a Gallardón.

Esas medias tintas que tanto le critican son las que debe saber manejar un político moderno. Envidia cochina. El mundo cambia, la sociedad evoluciona, los retos se globalizan, las soluciones se localizan... y el que no es capaz de gestionar la diversidad y los matices, no estará capacitado para afrontar la dirección de una sociedad. Gallardón tendrá muchos peros, pero tiene la visión de la política del mañana. Por desgracia no es la de hoy. Seguimos siendo un país de pandereta. Pero cualquier político que camine en esa dirección, la del "juntos podemos", aunque no coincidamos en muchas cosas con él, merece todo el apoyo del mundo. Los españoles nos lo merecemos.

Si los miembros del COI supieran que insuflar oxígeno a este alcalde puede devenir en un salto cualitativo de la política en España, quizá no lo dudaban un instante. Los rancios al siglo XX, por favor. Dejen paso a la gobernanza. Los ciudadanos necesitamos soluciones, no demagogias.

Ya digo, tengo una gallardonada...
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26 de febrero de 2009

La maza del entendimiento



Para entendernos con los que nos rodean tenemos que hablar el mismo lenguaje, si no, malamente, como decía mi abuela. Todo aquel que quiere incorporar su punto de vista al bagaje de su comunidad se tiene que preocupar antes de elegir el lenguaje, el tono, el estilo... Tiene, en definitiva, que seleccionar las mejores herramientas a su alcance para garantizar la efectividad de su mensaje y, para hacerlo, el primer paso es conocer a los destinatarios del mismo. La habilidad del comunicador reside en su capacidad para conectar con su audiencia. Supongo que hasta aquí estamos todos de acuerdo.

Desde el maestro, ya manche sus dedos con una tiza o los pasee por una pantalla táctil, al predicador, bien de púlpito, bien de puerta fría; conferenciantes, columnistas, políticos, cineastas, blogueros o, simplemente, ciudadanos de a pie que cada día tenemos que entendernos con nuestro vecino, todos dependemos en mayor o menor medida de nuestra capacidad de expresarnos. Dominar el arte de la comunicación no significa dominar la oratoria. Más importante aún es identificar qué lenguaje será el más apropiado para nuestro propósito. En ocasiones puede no ser el verbal, dependerá de nuestro interlocutor. El resto no tiene secretos. Una vez acertado el camino, la responsabilidad del éxito recae en el propio mensaje, que no es poco.

Emilio Gutiérrez, el hombre de la maza de Lazcao, lo tenía muy claro. Las buenas palabras, el gesto sumiso y el paso atrás que han ejercido durante décadas sus convecinos transmiten un mensaje muy claro “haced de nosotros lo que queráis que estamos a vuestra disposición”. Y ese mensaje, dirigido a quienes le han destrozado su casa con una bomba, no le parecía a Emilio que reflejara correctamente su punto de vista. Ellos habían elegido los explosivos para comunicar su posición dominante, lenguaje que les lleva funcionando bien desde hace muchos años. Si Emilio quería transmitirles su desacuerdo tenía que elegir un lenguaje que les fuera comprensible. El reto estaba ahí. Los violentos tenían que entender que, más que desacuerdo, la injusticia del atropello y el ejercicio de sometimiento le parecían a Emilio totalmente execrables. No era fácil decidir las herramientas. El lenguaje verbal parecía descartado. Nunca ha funcionado con los animales. Ellos entienden los gestos. El perro se achanta cuando le alzas la mano pero permanece impasible ante un “eso no está bien, Toby, que no se repita”. Hay que ponerse a la altura del interlocutor.



La costumbre, triste en este caso, decía que la respuesta debía ser agachar las orejas, mirar para otro lado y continuar arrodillándose al paso del tirano, quizá emitiendo una nota de condena..., pero el sentido común de Emilio, su intuición de comunicador, le repetía durante toda la noche que no, que así no le iban a entender, que si los gestos no eran igual de claros se podían creer que él estaba de acuerdo, que aceptaba perder su vivienda para que otros continuaran enriqueciéndose con el impuesto revolucionario y las concesiones de poder. El mensaje de Emilio no era ese. Había que pensar bien la respuesta. Un malentendido puede cambiar la historia y arruinar la vida de cualquiera.

Después de una noche de insomnio, la maza de Emilio zanjó posibles faltas de entendimiento. El poder de la comunicación es casi infinito pero el arte de dominarla no está al alcance de todos. Enhorabuena, Emilio. Espero que te hayan entendido. Tu mensaje es el de millones de personas. No estás sólo.


PD. Puedes mostrar tu apoyo a Emilio Gutiérrez en el blog El Justiciero de Lazcao , donde también se facilita una cuenta corriente para ayudarle en su nuevo calvario
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21 de enero de 2009

Playing for Change


Aunque creo que con poco, muy poco fundamento, corren tiempos para la esperanza y eso siempre es positivo.

Un regalo: Playing For Change. Espero que os guste

Actualización 31 de agosto de 2010: el anterior "embebed" de Vimeo dejó de funcionar, lo he cambiado por este de YouTube.
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