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2 de septiembre de 2011

El 15-M ha muerto. Diu… ¿y hay alguien más?

Poco ha durado esto. No sólo se diluyó el potente mensaje inicial con ingenuidades populistas sino que, en pleno devenir del rumbo, los golpes de timón han hundido el barco.

La botadura fue apoteósica. “Hoy, 15 de mayo, comienza a surcar los mares el movimiento de la esperanza. Indignados del mundo, uníos para conseguir un planeta mejor”. A los pocos días de abandonar el muelle ya saltaban las primeras alarmas. “El barco va sin rumbo, no sigue una ruta clara y no suben más viajeros. Aún así, dentro de la nave reina la euforia”.

Primer "tocado": manifiesto pancartero

Según pasa el tiempo, el desgaste comienza a hacer mella en el pasaje. “Se ve gente saltando del barco”. Sigue sin haber un rumbo claro. Todos los pasajeros opinan sobre cuál debería ser el destino. Desde fuera, los ojos de medio mundo siguen el periplo. Cunden el aburrimiento primero y el desánimo después cuando se descubre que partieron sin hoja de ruta. No a la banca, a los empresarios, a los políticos, al sistema… nada de lo conseguido hasta ahora vale. La audiencia está desconcertada.

Cuando se cumple un mes de viaje, la audiencia recupera un poco la esperanza. Parece que impera la sensatez en el barco y se replantean una nueva forma de navegar. Se abandona el chabolario de Sol y se abre una ronda de diálogos muy participativos para consensuar hojas de ruta asamblearias.

Segundo "tocado": la visita del Papa

Al poco, metidos ya en los calores estivales y con todo el mundo pendiente de sus evoluciones, en el casco del barco se abre una vía de agua importante. Crisis. Ante la llegada masiva de jóvenes a Madrid predicando amor, paz y solidaridad, nuestros protagonistas se oponen con odio y violencia a la visita del Papa. Es grave, el golpe es tremendo aunque los pasajeros no se han dado cuenta. Se sospecha que viajan embriagados. La audiencia cae en picado y la poca que queda se radicaliza. Se reconocen consignas frentistas del PSOE. Dividir en lugar de aunar no era lo que se vendió al principio. Descrédito generalizado.

Tercer "tocado": el control del déficit

Sin haber siquiera acabado el mes, otro golpe de timón irresponsable provoca otra tremenda grieta en la quilla. Cuando se propone reformar la Constitución para limitar el déficit de las administraciones, los pasajeros del 15-M se ponen en contra y se lanzan a la calle. El despropósito es de tal calibre que la mayoría de la audiencia apaga el televisor. Pedían control del gasto y ahora no lo quieren. Suena a pufo. Barco hundido.

Tocado y hundido

El tiro de gracia lo da el ideólogo del barco, un anciano excombatiente llamado Hessel, que pide el voto socialista. El colmo. Los sindicatos se manifiestan junto a los indignados. El 15-M ha muerto.

Perdida toda esperanza de salvación para esta España nuestra, y sumidos en un precipicio como el del protagonista del chiste de Eugenio, sólo nos queda decir: diu… ¿y hay alguien más?

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