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30 de mayo de 2006

Más aplausos, por favor


Los 20 segundos de un spot no podían dar para más... y mucho es. En esta España de envidiosos y progres de medio pelo tenía que venir alguien a sacudirnos un poco el espíritu y nadie mejor que Coca-Cola, cuya credibilidad y categoría moral está muy por encima de la de nuestros académicos, científicos, periodistas, famosos, deportistas, estadistas y, por supuesto, políticos. Cosas de la caja tonta.

Aquí no aplaudimos más que al pintamonas, al pantuflo de turno que se presta a divertir a las masas a cambio de unos duros. Ese es el héroe. El que exhibe sin pudor sus vilezas cuenta con mayor adoración que aquél que se rige por la responsabilidad, el respeto y la dignidad. Los honestos ya no se llevan, ni los honrados... y luego nos escandalizamos de las burradas que hacen algunos... si eso es lo que maman. Por eso viene bien que nos riamos de lo mal que lo estamos haciendo, a ver si así salvamos a alguien de caer en el lodazal de la mediocridad.
El anuncio en cuestión podía ser interminable, he visto que la versión argentina incluye algún "homenaje" distinto, más propio de aquellas latitudes, pero podríamos hacer una lista enorme con las cobardías, complejos y estereotipos de cada día.

En lo circunstancial, yo pediría un aplauso, mejor, ovación cerrada, para los que frente a un cochecito de bebé arquean las piernas, estiran los brazos, realizan entre dos y cinco piruetas emitiendo sonidos guturales y finalmente balancean su cuerpo sobre el canasto para desfigurar su cara en sinigual pantomima. La criatura se deshace en unas carcajadas capaces de animarle a uno durante una semana.
Pero hay aplausos mucho más serios: para los que cambian una noche de juerga por hacer compañía a la abuelita que se siente sóla... para los que no abandonan a sus mayores; para los que luchan con la enfermedad sonriendo y para los que se van dando ejemplo; para los que dan los buenos días en el ascensor, para los que esperan con el portal abierto a la vecina que llega con la compra a cuestas y, además, rematan cogiéndole una bolsa; un gran aplauso para los defensores del bien, los que recriminan al grafitero, delatan al carterista, encaran al ratero y denuncian al criminal; aplausos de ánimo merecen también los que sufren, los que luchan... los que leen esta bitácora... los que ríen...; un aplauso para esta campaña de Coca-Cola, porque se lo merece.
Aquí puede ver el anuncio de Coca-Cola Light.

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