Google No aprendemos

31 de marzo de 2006

La caquita de Arzallus

Mientras la ministra Cabrona sigue removiendo la sospechosa moñiga del lince, al más puro estilo felipista, salta el notición: aparece en la madrileña Plaza de Colón una caquita del líder mesiánico Arzallus, cabeza de la intelectualidad aberchale.

Según fuentes poltroneras, Rodríguez se ha apresurado a pedir que alguien le escriba una carta dirigida a todas las civilizaciones solicitando que detengan el progreso de las libertades que pensaban construir. "No sé si el turco me querrá volver a hacer el favor", ha manifestado esta mañana a su tazón de cereales, que hoy tampoco ha pestañeado siquiera.

"Si lo confirman los análisis, esto puede significar una esperanza para la repoblación de esta especie en un habitat antes hostil como Madrid", continuó el demagogo, que ha descubierto en las cagadas la gran habilidad de su gobierno.

Aunque de momento las noticias son confusas, en la redacción de algunos medios se ha recibido esta mañana un documento gráfico que podría demostrar que Otegui pudiera ser el aleccionador de los portadores del último gen vascocuaternario en las artes de la defecación, como ya hiciera con el extinto Chorlito gris (Pluvialis apricaria) -ver foto-.
Seguiremos informando...
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27 de marzo de 2006

Orteguería II: Los desiguales


El amigo de la justicia no puede detenerse en la nivelación de privilegios, en asegurar igualdad de derechos para lo que en todos los hombres hay de igualdad. Siente la misma urgencia por legislar, por legitimar lo que hay de desigualdad entre los hombres.

Aquí tenemos el criterio para discernir dónde el sentimiento democrático degenera en plebeyismo. Quien se irrita al ver tratados desigualmente a los iguales, pero no se inmuta al ver tratados igualmente a los desiguales, no es demócrata, es plebeyo.

José Ortega y Gasset (en El Espectador)


Vamos, que da la sensación de que Ortega ya sabía que un día llegaría un tal Rodríguez y se sentaría a negociar con unos terroristas, que igualaría a sus víctimas con los caídos en una guerra y que encumbraría a Fiscal general del Estado al ciudadano Conde Pumpido para que pidiera la relajación judicial en la persecución de los asesinos de ETA. Ortega, hace 70 años, les llamó plebeyos… pero es que Ortega era un señor.

Llevo años discutiendo los sinsentidos democráticos. No porque yo no lo sea, sino porque la democracia los tiene mientras no los queramos corregir. Y este es uno de los más gordos.

¿Por qué hay que empeñarse en igualar a las personas cuando a todas luces se ve que no somos iguales? Cierto es que 30 años de democracia son pocos y nos queda mucho que aprender, estamos todavía empezando. También es verdad que los primeros pasos hacia la libertad y la dignidad pasan por la igualdad de derechos. Pero también me parece bastante lógico pensar que, recordando aquello de que la libertad de uno termina donde empieza la del otro, seguir manteniendo esa igualdad intacta, superada la transición y estabilizado nuestro sistema de libertades, es una aberración.

A mi que no me digan que yo soy igual que un asqueroso asesino sin escrúpulos que negocia con la sangre de sus víctimas porque me dan arcadas. Si una banda de mafiosos terroristas como ETA tiene derecho a negociar con el gobierno de un estado soberano unas condiciones especiales frente a la ley, teniendo así incluso más derechos que yo, es que algo va mal y alguien no está haciendo bien las cosas, bien por ignorancia, bien por incapacidad. Si esa misma facción de malnacidos tiene el mismo derecho que cualquier otro colectivo a constituir un partido político, nos están tomando el pelo. Si los secuaces de esa cuadrilla de verdugos tienen derecho a brindar con champán en las cárceles las tropelías de sus compinches, nos están insultando. Si además a esos se les acerca a casa se les está apoyando y si se les deja libres se está faltando a las víctimas. En definitiva, que no se puede tratar igual a los desiguales, que eso no es la democracia. Para un país novato sí, pero aquí ya podemos avanzar un poquito, ¿no?

Además… ¿qué sentido tiene ponernos un carné por puntos a los conductores y no hacer lo mismo con los ciudadanos?

-Oiga, que ha matado usted a ese señor, 1 millón de puntos menos, ya no es usted ciudadano. Y si lo vuelve a hacer… retirada definitiva del carné.

Sería más lógico. Los derechos hay que merecerlos. El crédito inicial que nos dan al nacer hay que renovarlo cada día. De no ser así estaremos siendo injustos. Estaremos tratando igual al que hace méritos que al que hace deméritos, como en la LOE. Al César lo que es del César: el que se haya ganado flores, flores, y el que se haya ganado un cucurucho de guano, que no se lleve también las flores… que la justicia no es eso.

Hoy me llegaba una curiosa reflexión anónima por correo, al hilo de las desigualdades. No lo reproduzco por su extensión, pero venía a decir algo así como que ETA era (¡es!) un problema de seguridad para la clase dirigente y la tregua se utiliza para acallar el problema de seguridad de los ciudadanos de a pie: la inmigración. Con lo que tenemos el triunfo de la partitocracia, que resuelve sus aprietos, y la derrota del pueblo, que continúa con los suyos. Y encima aplauden, añado yo.

Es otro enfoque, muy matizable, del trato hipócrita que nuestra democracia concede a unos y a otros. Mal vamos si desde distintos ángulos sólo se ve injusticia. Pero nada… a votarles en las próximas, majetes, que parece que muchos, aunque sorprendan a Rodríguez con su mujer en la cama, le invitan a cenar y le enseñan el dormitorio de la hija. Que no aprendemos.
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23 de marzo de 2006

Hoy mi burro come tregua

Me había propuesto no hacerlo pero no me puedo acostar sin decir dos cosas sobre la tregua.

¿Es que no hemos aprendido nada? Desde luego, ETA lo tiene claro. Cuanto más se le acerca la zanahoria al burro, más corre éste hacia donde quiere el amo. Y a Rodríguez, a burro, no hay quien le gane. Y los hijos de puta de ETA lo han visto claro, le han aumentado las zanahorias y ya tenemos al tarugo caminando hasta las elecciones con los huevos, con perdón, cogidos. Esta vez por los batasunos (que esto se va a convertir en el deporte nacional, que vayan buscando trabajo los galácticos y compañía que ahora las pelotas que se llevan son las de Rodríguez).

Cualquiera deshace ahora el camino, ¿verdad, Rodríguez? A partir de ahora habrá que darles lo que pidan, porque si no... a ver quién es el guapo que admite el fracaso... o les cabrea, que es casi peor...

La mafia de ETA, que eso es lo que es, seguirá siendo mafia, que para eso se lo han currado. Las muchísimas familias que dependen de la extorsión etarra seguirán extorsionando gracias a la sangre de todas y cada una de las víctimas que han causado en su penosa existencia. Se seguirán apoyando en el terror, sin muertos, como los últimos dos años (¿o es que ha cambiado algo hoy? ¿han entregado las armas? ¿se han entregado ellos? ¿han dejado de robar explosivos?) y pretenderán que se les perdone todo lo anterior para seguir extorsionando a gusto. Y el día que tengan que matar otra vez, matarán, que ya saben como va el tira y afloja del chantaje terrorista.

Y su palabra seguirá valiendo la misma mierda que ha valido siempre, que no aprendemos.
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21 de marzo de 2006

Amando de Miguel

La Sociología no da una posición de privilegio para encarar los problemas sociales. Simplemente, permite distanciarse de ellos para comprenderlos con una mirada totalizadora. De esa forma, el sociólogo contempla lo que muchas otras personas quizá no vean. Esa postura del sociólogo es la marca de su independencia. No siempre es una ventaja; por ejemplo, lo inhabilita para una carrera política. Pero no todos son llamados a ella.
Amando de Miguel



Desde hace unos años tengo la sana costumbre de regresar andando a casa después del trabajo. Quizá mis pulmones no lo agradezcan tanto, tratándose de un paseo por Madrid, como mi cabeza. Esa hora que dedico a sortear vallas me permite dedicarme a la interiorización de mis circunstancias, esto es, a asimilar lo que me rodea o acontece, encajarlo entre los muebles que organizan mi mente y poder así alcanzar la noche con ciertas garantías de que, al amanecer, podré sonreír.

Hoy venía maquinando un artículo para esta bitácora que me ha hecho apresurarme en el encuentro con el ordenador. Al conectarme a la Red en el fortín del hogar, desdichado yo, he sido cruelmente asaltado. Después de mantener a salvo mi cartera de los amigos de lo ajeno -esos “controladores” que cada vez más pueblan los semáforos y demás concurrencias humanas sin hacer una sola huelga- ha sido en mi propia casa donde me he visto víctima de un robo. Cosas del interné, mirusté.

El Ayuntamiento de Alcalá de Henares ha aprobado por unanimidad, con los votos del PP, el PSOE e IU, apoyar el cese de Amando de Miguel como miembro del Consejo Económico y Social de la Comunidad "por su demostrada y reiterada misoginia y machismo". Así, de sopetón, valiéndose del efecto sorpresa con que generalmente nos aturden los buscavidas.

Me han robado la esperanza. Si no toda, mucha, que no he tenido tiempo de revisar bien los cajones.

Estamos bajo el imperio de la charlatanería, de “lo políticamente correcto”, como recuerda Amando de Miguel. La sinrazón se alimenta de sus dóciles adeptos y se hace fuerte. La visión de los problemas con perspectiva no es aceptable si no es, y no lo es casi nunca, “políticamente correcta” –por cierto, la expresión tiene cuajo ahora que hay que cuidarse del lenguaje ofensivo… ¿no se queja ningún político de que se califiquen así tamañas animaladas como las que nos desayunamos todos los días?-.

No ya recomendable… es imprescindible leer sus apuntes sobre La violencia de género y otras iniquidades. El análisis es claro, aséptico y revelador por cuanto abre los ojos sobre la prostitución que está sufriendo el problema de la mal llamada violencia de género. Algunas de sus conclusiones caen por su propio peso, aunque siempre es de agradecer que una pluma preclara como la de su autor, así nos las ofrezca. Cito y suscribo:

La utilización de la mujer como objeto de medro de los mediocres es tan repugnante que me produce un efecto carminativo. Una sociedad no será enteramente libre mientras no se reconozca del todo la dignidad del hemisferio femenino. Es tiempo de acabar con el negocio del feminismo “profesional” y “androfóbico”. Está de más el complejo de inferioridad que significa ceder ante la cretinez de lo “políticamente correcto”, también en estos asuntos. Alguien va a empezar a gritar que el Emperador va desnudo.
Amando de Miguel



Y es verdad que a este paso nos querrán convencer de que va desnudo realmente. Comienza De Miguel su escrito aludiendo al experimento de Asch para explicar su sensación de soledad frente a la masa. El famoso experimento explica el sometimiento del individuo al grupo:

Asch realizó un famoso experimento en el que formaba grupos de universatarios entre 7 y 9 individuos, a los cuales metió en una clase. Les enseñaba dibujos con líneas que tenían que emparejar por su longitud (les explicó que era un test de percepción visual), en relación con una línea patrón. Cuando todos habían expresado su opinión volvía a poner otras líneas, así hasta doce juegos de cartulinas. En un principio todos lo realizaban correctamente ya que la diferencia entre dichas líneas era muy notable. A partir de ahí Asch aleccionó a todos sujetos excepto a uno, que sería el “sujeto ingenuo”. Los individuos que seguían las instrucciones de Asch erraban a propósito y la respuesta del sujeto ingenuo se reservaba al último lugar: se comprobó que uno de cada tres se dejaban arrastrar por la respuesta de la mayoría. Para explicar esto Asch dio tres razones, que nos proporcionan tres formas de sometimiento de un individuo a un grupo:

a)por un cambio en la percepción de la línea: los sujetos ingenuos varían su estimación por que realmente estaban convencidos que la longitud de la línea era otra, el efecto de conformidad producía un verdadero cambio en la percepción de la línea.

b)distorsión del juicio: una gran mayoría de los que se someten a la opinión del grupo lo hacían reconociéndose como erróneos y dando la razón al grupo. Creían que el fallo era suyo, tal vez por una distorsión en la vista o en el cerebro.

c)distorsión de la acción: eran aquellos a los cuales realmente les era indiferente su respuesta, lo único que pretendían eran ser iguales al grupo, pertenecer al grupo y no correr el riesgo de ser expulsados o marginados por ser diferente, para ello eran capaces de no expresar su propia opinión y conformarse con la del grupo.



Confío, admirado Amando, que no cambie su opinión hacia la del grupo y que siga trabajando por hacerlo, al grupo, menos necio de lo que es. Si el Consejo Económico y Social de la Comunidad de Madrid decide prescindir de sus aportaciones, estaremos dando un paso atrás, que no aprendemos.

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17 de marzo de 2006

El botellón


La cosa, aunque seria, tiene su gracia. Los jóvenes españoles, los más jóvenes, se lanzan hoy a una protesta colectiva regada con alcohol. En otros países se organizan macrofiestas en torno a la música y los alucinógenos y aquí se hacen macroreuniones de güisqui con cola, mucho más sociables, sin duda. Pero como las de por ahí no se llaman botellón, no hay problema.


Es serio por lo que decía ayer del hombre ejemplar. El alcoholismo está íntimamente relacionado con la frecuencia con la que se le sacude a la botella en edad temprana. España sabe mucho de eso y por ahí ya andan malmetiendo con las costumbres de los infantes patrios. No quiero frivolizar pero no me parece que la situación haya empeorado en los últimos ¿30, 50, 80 años? Aquí se pimpla mucho de siempre, muy imaginativos no somos a la hora de invertir nuestro tiempo libre. Pero también es cierto que nos encanta relacionarnos, somos muy sociables y eso me parece encomiable. Y el botellón tiene mucho de eso.


Lo que tiene gracia es darle tanto bombo al tema -¿será para despistar?- cuando lo de hoy no es más que una forma de llamar la atención de los adolescentes, como han hecho toda la vida, pero en grupo, buscando la plusmarca, la notoriedad deportiva. Compiten entre ciudades. Mucho márketing hay ahí. La ciencia es lo que tiene: si hace 50 años los culturetas hubieran tenido el "pásalo" las habrían liado más gordas, seguro. Lo de hoy es la Fiesta de la Primavera de antes, pero con bluetooth.


Que el botellón es un problema social, de acuerdo. Lo que falta es educación para el botellón. Educación para no buscar en el alcohol más que una diversión ocasional, no permanente. Educación para respetar a los demás: la suciedad y el ruido se los guarda uno para los suyos, si es que necesita repartirlas. Educación para no vivir en el exceso, aunque quien no los comete alguna vez no terminará por conocerse nunca. Pero es la misma historia de siempre. Yo no veo más chavales borrachos que antes, veo más rumanos. ¿Por qué no hablamos de eso con la misma valentía?


Los cerdos a su casa, los meapilas también... y el delegado del gobierno que prepare la calculadora que hoy nos vamos a reír.
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16 de marzo de 2006

Orteguería I: El hombre ejemplar

En uno de los capítulos de El Espectador, Ortega recuerda una insinuación suya en La España Invertebrada sobre el origen de la sociedad y sus reflexiones le llevan discernir sobre la ejemplaridad de los hombres. Cito:

La superioridad, la excelencia de cierto individuo produce en otros, automáticamente, un impulso de adhesión, de secuacidad. Las maneras o usos de esa persona eminente son adoptados como normas sobreindividuales por los entusiastas atraídos. Si hay, pues, que hablar de instinto, diríamos que el instinto social consiste concretamente en un impulso de docilidad que unos hombres sienten hacia otro en algún sentido ejemplar. […]

Somos imitadores, necesitamos modelos, perseguimos la perfección bajo la referencia de nuestros ídolos y, ojo, no estoy diciendo que seamos o debamos ser idólatras, me estoy refiriendo a las distintas figuras que vamos encontrando en nuestra vida, empezando por nuestros padres, con las que fijamos nuestras líneas maestras de la vida. Desde el “yo quiero ser como papá” al “quiero ser bombero” no hay más evolución que la del cambio de modelo.

Nuestro instinto nos lleva a buscar pautas de imitación para tener la seguridad de obrar correctamente… porque buscamos un reconocimiento, al menos, de pertenencia a un grupo. La sociedad, el grupo, es la que brinda los ejemplos a seguir para aceptar a sus miembros. Ese es el peligro que nos acecha siempre: ¿qué modelos estamos encumbrando para servir de guía a los más jóvenes? Y si esto ya era un peligro hace ochenta años, cómo no será ahora en la sociedad de la información, donde el bombardeo de mensajes se produce a escala planetaria. Cuanto mayor es el grupo de dóciles, más fuerza tiene el ejemplo.

De los “yuppies” a los “frikies”, pasando por la cultura del pelotazo, hemos visto de todo: endiosar drogadictos –que luego morían en el olvido-, enaltecer a ladrones –que ahora peinan canas entre rejas-, incluso vitorear a un hombre con un perejil en la cabeza –que el hambre nos puede volver patéticos-. El que crece con esos nortes no puede llegar a ninguna parte.

Otro peligro que nos acecha es, no ya vigilar por quién es la referencia de nuestros hijos, sino tener que sufrir la figura del que se quiere erigir en modelo para los demás.

Frente a la auténtica ejemplaridad hay una ejemplaridad ficticia e inane. Una y otra se diferencian, por lo pronto, en que el hombre ejemplar no se propone nunca serlo. Obedeciendo a una profunda exigencia de su organismo, se entrega apasionadamente al ejercicio de una actividad –la caza o la guerra, el amor al prójimo la ciencia, la religiosidad o el arte. En esta entrega inmediata, directa, espontánea a una labor consigue cierto grado de perfección, y entonces, sin que él se lo proponga, como una consecuencia imprevista, resulta ser ejemplar para otros hombres.

En el falso ejemplar la trayectoria espiritual es de dirección opuesta. Se propone directamente ser ejemplar; en qué y cómo es cuestión secundaria que luego procurará resolver. No le interesa labor alguna determinada; no siente en nada apetito de perfección. Lo que le atrae, lo que ambiciona es ese efecto social de la perfección- la ejemplaridad. No quiere ser gran cazador o guerrero, ni bueno, ni sabio, ni santo. No quiere, en rigor, ser nada en sí mismo. Quiere ser para los demás, en los ojos ajenos, la norma y el modelo. […] Véase como el propósito de ser ejemplar es, en su esencia misma, una inmoralidad. […]

La esterilidad del falso ejemplar es consecuencia inevitable de su propósito. Como se siente originalmente arrastrado hacia ninguna labor positiva ni goza de aptitud especial para ellas, tenderá a subrayar más en su vida la perfección en el no hacer que en el hacer.

Analiza Ortega en este punto una característica muy habitual en ciertos individuos: dar importancia a lo que no la tiene buscando ejemplaridad. Cuántas veces oímos frases del estilo de “yo nunca viajo en metro” o “yo nunca como de menú” contundentemente pronunciadas pero nunca argumentadas positivamente, sino “porque no”.

[…] …síntoma inequívoco de falsa ejemplaridad y se propone ineludiblemente en todo el que, esperando a toda hora cosas grandes de sí mismo, no es capaz de entregarse a ninguna actividad determinada por vivir preocupado sólo de su propia ejemplaridad.


Para muestra un botón: ¿qué es, si no, la Alianza de Civilizaciones?
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15 de marzo de 2006

De las Orteguerías


José Ortega y Gasset fue, además de un gran pensador, un profesor con mayúsculas. Negrita y subrayado, añadimos hoy. Como un componente esencial de su sistema de análisis metafísico se hallaba la comunicación. De nada le servía escudriñar y discernir sobre los muy distintos y variados entresijos de la vida si no era con la intención de compartir sus conclusiones con los demás. Otra cosa es que se le hiciera mucho caso, habitual de la sociedad para con los filósofos, pero Ortega, desde la soledad de las mentes privilegiadas, no cesó nunca en su afán por transmitir sus, podríamos decir, clarividencias. Así lo atestiguan su cátedra y sus libros, ensayos, revistas, artículos, discursos, lecciones… Ortega quería enseñar a pensar a los españoles, que no es poco, y emprendió lo que él mismo llamaba “propaganda de la luz mental” valiéndose de todos los medios a su alcance. Si hubiera conocido la Red habríamos disfrutado, a buen seguro, de un bloguero –con perdón- de altura infinita, que digo yo que esto de la blogalización le seduciría también.

Gracias a la labor de esos atletas del pensamiento el hombre vuelve a encontrarse sólo frente a la bruta y ciega sucesión de los hechos, decía Ramiro de Maeztu. Ortega se esforzó para mitigar esa soledad y dirigió su esfuerzo reflexivo hacia la cotidianidad de los españoles para, partiendo de ella, desgranándola, alcanzar juicios más amplios. Y digo juicios porque ya sabemos que “yo soy yo y mis circunstancias” y las verdades tienen para Ortega tantas caras como ojos la miran, no dejando por ello de ser verdades.

Con la serie de Orteguerías que me propongo iniciar aquí no pretendo, ni muchísimo menos, recuperar el legado intelectual del gran profesor, ni siquiera contribuir a su difusión, que ya existen instituciones y personas dedicadas a tal efecto cargadas de una erudición y un sentido que ni de lejos llenan mis alforjas. Es más, seguramente daré más de una patada a los pensamientos del filósofo queriendo interpretar en sus escritos conclusiones que jamás habrían salido de la cabeza de su autor. Si eso ocurre, sepan mis tres lectores que habrá sido fruto de mi ignorancia y con la mejor de las intenciones. Mis disculpas de antemano.

La España que vivió Ortega es muy distinta de la de hoy, no así los españoles, razón por la que entiendo muy apropiado recuperar algunas de sus reflexiones para comentar los aconteceres que se nos echan encima cada día desde el asidero de cordura que sus pensamientos son, al menos para mí.

Si la humilde intención de este cuaderno titulado No aprendemos es la de llamar la atención sobre la sinrazón que impera en nuestra sociedad, muchas veces como mero ejercicio de desahogo, considero que nada mejor para hacerlo que abrazar los legados de lucidez que regalaron los más grandes. Y Ortega lo fue y sus legados lo fueron.

Aunque algo de homenaje hay en ella, queda inaugurada esta sección de Orteguerías desde la preocupación, lejos del sinvivir aunque algunos días allí casi instalada, de que aquí no aprendemos porque no queremos… que para eso somos españoles.

Mañana empezamos.
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7 de marzo de 2006

Rodríguez el tramposo

En un juicio declaraban 3 personas acusadas de asesinato. Se sabía que el asesino era el tramposo, es decir el que a veces dice la verdad y a veces miente. De los otros dos acusados estaba el veraz, que siempre dice la verdad, y el mentiroso, que siempre miente.


Ante el juez, ninguno se confesó culpable: el primero y el tercero señalaron al segundo diciendo “ese es el tramposo”, mientras el segundo apuntaba con el dedo al número 3 señalando “ese es el tramposo”.


Sin más, el juez detectó al tramposo y lo condenó a cadena perpetua. ¿Puede Ud. detectar quien de los tres es el tramposo asesino?


Ver solución


En la educación de una persona, una de las primeras palabras que nos enseñan a distinguir el bien del mal es la de tramposo. La primera es el rotundo NO que empezamos a escuchar al poco de nacer, poco después viene la caca, que “las cosas del suelo no se cogen…”, y muy pronto llegamos a nuestro tramposo en cuestión.

En nuestros primeros juegos pronto apreciábamos la tremenda injusticia de ceñirse a las normas establecidas para nuestra partida, esforzándonos para superar a los demás niños, y tener que soportar cómo siempre aparecía el listillo que ni contaba hasta diez para que nos escondiéramos, ni sumaba bien los puntos del dado ni sabía calcular dos palmos con las canicas.

No era casualidad que esos mismos niños fuesen los que se cepillaban “la ley de la botella, quien la tira va a por ella” para que siempre fuera otro, corregían en un plis plas lo que era un “alto” donde el último en llegar “la ligaba” o decidían que ese era el día de suprimir el “de portería a portería guarrería” que había reinado hasta entonces, siempre a su conveniencia.

El tramposo se convertía así en un ser despreciable con el que nadie quería jugar y al que se le deslegitimaban todos sus logros ante el inapelable juicio de la mayoría, ya fuera en el patio de El Pilar o en el de un humilde instituto de Leganés, que la justicia no distingue de clases.

Sin embargo, el niño español sufre una catarsis en su crecimiento y, no se sabe muy bien porqué, cuando llega a adulto ha olvidado la rectitud aprendida, pocas veces inculcada, durante su infancia. Al votante español parece que ya no le importa jugar con el tramposo, no duda en dejarle ganar e incluso le vitorea por las esquinas.

Rodríguez y compañía, abandonados el escondite y las canicas, ya han demostrado que no saben contar manifestantes ni calcular el precio de la vivienda. Cuando todavía no han soltado el “escatérgoris” para que Europa les acepte el pulpo de la OPA como animal de compañía, nos sorprenden arremetiendo contra la indomable chirigota carnavalesca y amenazan con imponerles letras de Enrique y Ana. Trampas y más trampas. Las unas más graves, las otras más hirientes… trampas al fin y al cabo.

Ni la seguridad jurídica que garantiza la Constitución queda fuera de sus patrañas. Lo que ayer se podía opar ya no se puede, vuelva usted mañana a ver… Ironice usted con el Rey, el Papa o la corona de espinas de Cristo, pero a Mahoma ni tocarlo, que ahora somos musulmanes, por si no lo sabía usted. Y, por supuesto, sepa usted que las bombas de atocha las puso Aznar y vóteme a mí, que ni pienso negociar con los terroristas ni se me va a ocurrir desmembrar España, palabrita de Rodríguez… el tramposo. El tercero del enigma. El culpable.

Y digo yo…¿qué ha pasado con aquellos niños? No aprendemos.
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3 de marzo de 2006

ETA no, gracias

"Toda persona tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad personal"

Pero si se va a molestar un terrorista lo retiro, eh, que si la Declaración de Derechos Humanos no les cuadra, yo no insisto más y Rodríguez hace un par de llamadas para que la cambien. O manda a Montilla para la ONU y lo soluciona enseguida: una coma aquí, un acento allá y nos maquea una Declaración de Derechos Etarras que ya la quisieran los tripartitos. La del Decreto contra la OPA no ha sido más que un ensayo y, a su lado, las últimas caffareladas no serían más que un juego de niños.

No es que nada de esto me parezca motivo de broma, sencillamente hoy he leído una noticia-comunicado que me permite recuperar fuerzas para no borrarme de esta España cada vez más surrealista. Ni Buñuel podría haberla imaginado así. Menos mal que ya es viernes y que alguien nos sirve raciones de cordura por delante para que no desfallezcamos.

Irene Villa presentó ayer su libro "Saber que se puede". La acompañaba Esperanza Aguirre, que lo califica de “canto a la vida”.

Reproduzco y suscribo el último párrafo de la nota:

Una actitud heroica en la que Irene Villa dice que “no hay tiempo para el odio porque no hay paz sin perdón. Perdono para vivir”, pero nunca vivir para perdonar, como algunos quieren de las víctimas del terrorismo. Ni tampoco vivir para pedir perdón por pensar de forma diferente a los asesinos, como quisieran quienes defienden y justifican a los terroristas. Gracias, Irene, por enseñarnos que los terroristas sólo pueden mutilar el cuerpo, pero no el alma.

Irene, tú misma eres un canto a la vida. Tu fuerza, como la de tantas otras víctimas, es la de todos los demócratas. Por favor no decaigáis.

Gracias Irene. Corro a leerlo.
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1 de marzo de 2006

La insoportable necedad del SER

Mañana las máquinas del diablo se adueñarán de mi barrio. El Servicio de Estacionamiento Regulado, el SER (no confundir con su homónima vampiresa) extiende sus redes hasta mi portal: por fin se podrá aparcar a gusto en esta calle, refugio hasta hoy de “los de ahí junto”, que como tenían sus calzadas grafiteadas en verde y azul, preferían dejar sus coches en la mía. No te vea pa aparcá aquí a mediodía, quillo.

Siempre he estado a favor de “la hora”, pero la que se nos viene encima va a ser de aupa. Me parece perfecto que siendo 6 millones de madrileños queriendo atascar y contaminar las calles, se ponga precio al abuso del automóvil. El que quiera pasar su ratito diario de atasco, que lo pague. Vivir en una gran ciudad tiene esas cosas. Placeres como el embotellamiento de José Abascal, la peregrinación de la Castellana o el calvario de Francisco Silvela, quedan reservados para los pudientes. Sólo los privilegiados pueden disfrutar las eternas vistas de la Cuesta de San Vicente… eternas porque nunca se avanza. Con la cartera repleta de billetes ya podrán. Pero esto, al fin y al cabo, es lógico. Las ciudades son para los ricos.

El alcalde de Madrid lo vio claro desde el principio. Quien contamina paga. Pero se le está yendo la manita a un terreno que le va a costar el cisma definitivo. Por fin sabremos si Gallardón se presenta por el PSOE, por el PP o por todo lo contrario, porque atacar a la familia como parece que va a hacer, no se lo perdonarán ni los unos ni los otros.

El detalle: el SER que se nos avecina no permitirá sacar un segundo tique de aparcamiento una vez vencido el primero. Ese ratito que hasta ahora muchos aprovechaban para echar el cigarrito mientras le cambiaban el papelín al coche va a pasar a la historia. Las máquinas nos pedirán la matrícula y cuando vean que somos los mismos de antes: naranjas de la China y a otro barrio mariposa, que en este ya estás fichao.

Cuando lo oí la primera vez ya se me empezaban a ocurrir dislates, pero ahora que todo el personal lo comenta por las esquinas descubro consecuencias bastante graves… y todas rematan en un “le va a volver a votar su p… reciosa madre”. Y a los que veo más cabreados es a los padres calentitos, esto es, a los más recientes.

No sé por ahí pero en Madrid los atascos matutinos estaban íntimamente ligados, entre otras muchas cosas, a esas madres (que no se moleste ninguna, me remito a tradiciones arraigadas que recuerdo con cariño) empeñadas en acercar al niño hasta el pupitre con el coche. Cambiaron los tiempos, no para todas, empezaron a trabajar los dos cabezas de familia para pagar el piso que Rodríguez iba a abaratar y más de una familia emancipaba prematuramente a sus retoños para las cuestiones del transporte. “Carlos, vete de la mano con Luisito y no crucéis sin mirar”.

Pero la generalización de los dos sueldos en casa ha obligado también a muchos a fortalecer la relación de las abuelas con sus nietos. Cuando los niños son todavía bebés, muchos padres de mi generación prefieren una buena abuela a una guardería con la que, además del coste, no tenemos ninguna confianza porque no nos han presentado. “Y a mi hijo no lo dejo yo con cualquiera”. Y aquí viene el problema: ¿como emancipa uno a un crío de un año y lo manda derechito para casa de los abuelos? Hay que llevarlo en coche. No lo intente en el transporte público que lo pierde, oiga. Y si cruzo la ciudad en coche para que mi madre y mi hijo se conviertan en uña y carne, ¿cómo voy a ir al trabajo sino conduciendo? y si sólo puedo aparcar dos horas junto al curro (si es que pillo azul, que como caiga en verde me tendré que ir antes) ¿cómo le explico a mi jefe que ya volveré, que tengo que aparcar en otra zona y…que si se me da bien, en una hora estoy de vuelta? Y ¿cómo se me va a dar bien si todos cambiamos de zona a la misma hora?

¿Es que Gallardón no piensa en la familia? ¿es que no quiere recaudar más? porque así hay que olvidarse de la abuela, del niño y de trabajar… ¿es que ya no le gusta el ayuntamiento? ¿es que quiere un Ministerio? Me parece cojonudo que afronte el problema del tráfico con decisión, pero contra la familia, no. Contra el trabajador, tampoco. Y contra corriente, menos. No regale votos, alcalde, que al final los trinca el tripartito, coñe.

¿Dónde están las alternativas? ¿y los aparcamientos disuasorios? ¿y el transporte público? A partir de las 7:45 no hay quien entre en un vagón de Metro en determinadas líneas… ¡y no quieras llevar un bebé! Y qué pasa con los trabajadores de La Paz, ¿tienen que ir a trabajar volando con las orejas mientras les acaban las obras? Qué quiere, ¿que no usen el coche o que pasen por caja?

Para eliminar una opción hay que tener antes preparadas las alternativas. Que no aprendemos. Cuando a mi me quitaron los potitos fue para darme un filete, no para dejarme con hambre.
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