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10 de octubre de 2006

El seleccionador inmigrante


Supongo que será un globo sonda pero la noticia me ha hecho gracia: Marcello Lippi suena como posible seleccionador de España. Sí, es italiano, pero qué más da. Hay que promocionar la inmigración a todos los niveles. Lo que no sé si se podrá traer también a algún que otro jugador transalpino, porque nos iba a venir muy bien. Si total, en la aldea global no importan las nacionalidades.

No sé quien se ha empeñado en que la selección española esté formada por españoles y entrenada por españoles. Hay que ser cursi. La selección española debería ser un totum revolutum de etnias y pelajes. El arcoiris de la alianza de civilizaciones y la multiracialidad. Es más, yo le cambiaría el nombre de selección española por el de selección de otoño... así como de caída de la hoja y declive hacia el duro invierno, que le pega más. Y cada uno que juegue con la camiseta que quiera y la bandera que le venga en gana... No vamos a ser tan excluyentes como los catalanes y los vascos.

En fin. Que uno de las pocos guiños al romanticismo de los patriotismos innatos, el deportivo, se lo quieren cargar desnaturalizando la esencia. Ya no podremos decir "hemos ganado a Zutania", sino que diremos que el equipo de Lippi, que no suena precisamente a extremeño, ha ganado al equipo de Mengano, que tampoco será de Zutania porque allí escasea la cultura futbolera.

Además es una ofensa, que leches. ¿Es que no tenemos aquí entrenadores que tenemos que traerlos de Italia? Una vergüenza. Y no tengo nada en contra de este señor. Por lo menos, si viene, habrá un miembro de la selección que haya visto de cerca una copa mundial.

2 comentarios:

Mars Upial dijo...

Querido Barquero:

¿No te das cuenta de que lo que pides está a un paso de producirse? Pides una selección intercultural, interracial... y en breve la tendrás. Cada día son más los inmigrantes en España y en poco tiempo serán españoles; ellos y sus hijos. No está lejano el día en que en la selección española jueguen Mohamed, Xiang-Lu y Bongo en la delantera. Uno tostao, otro amarillo y el tercero más negro que el sobaco de un grillo, eso sí, todos españoles.

No vayas a creer que estoy en contra, que va, sólo me molesta cuando al inmigrante se le abre una puerta falsa que le empuja a dejar la vida en el mar o a invadirnos por los pirineos. Su entrada es irregular, a borbotones, ilegal... y conlleva lo que conlleva: problemas sociales de toda índole. Pero este es otro tema.

Volviendo al fútbol, tal vez entonces, cuando nuestra selección sea un arco-iris, sea cuando pasemos de cuartos en cualquier competición. ¿No le ha ido tan bien a Francia con sus africanos? En la selección francesa del último mundial costaba un güebo encontrar a un jugador de piel blanca... y llegaron a la final. Años antes, prácticamente los mismos ganaron un campeonato de Europa y un Mundial.

Eso sí, Luis Aragonés seguirá siendo el entrenador, con 172 años (unos pocos más que ahora) y con renovadas dosis de mala educación y peor leche. Mira que es desagradable el tío...

Un abrazo.

Mars Upial.

El Barquero dijo...

Querido Mars, sospechaba que podía no entenderse el tono irónico y me lo confirmas. No pido una selección interracial, apelo al romanticismo de la representación patria deportiva tradicional, esto es, una selección española de españoles que alimente un poco el orgullo innato del localismo oficial.

Oficial porque la geografía política nos distribuye en estados más o menos estables. Tampoco podemos sentirnos orgullosos de ser un día españoles, al otro castellanos y al otro alcarreños. Esa estabilidad conceptual es importante. El orgullo localista es innato, creo, pero se alimentea a lo largo de toda la vida, no te lo pueden cambiar continuamente desde fuera.

Y lo mismo que no puedes presumir de los espárragos de Aranjuez enarbolando un matojo recolecctado en Murcia, con la selección pasa lo mismo.

Bueno, voy a ver si trabajo y me despierto del todo...

Un abrazo

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